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jueves, 10 de septiembre de 2020

VOLVEMOS A CLASE

Reflexionamos después del reencuentro:


ME ASFIXIO

DESCONTROL

¿POR QUÉ?

CORONAVIRUS

PROBLEMA

CAOS

CALLE

MUERTE

CASA

MASCARILLA

PERSONAS

HOSPITAL

COMIDA

ENFERMEROS

CURA

ANIMALES

NO SE

CAMISETA 


VOLVEMOS CON MÁS COLORIDO:

 NORMALIDAD

SOLUCIÓN

CLARIDAD

LIBERTAD

FELICIDAD

IGUALDAD

TRANQUILIDAD

AYUDAR

AMOR

VACUNA

PAZ

 

martes, 21 de marzo de 2017

Dibujamos las emociones.


http://www.garabatosydibujos.com/como-trabajar-las-emociones
 

¿CÓMO TRABAJAR LAS EMOCIONES A TRAVÉS DEL DIBUJO?


En varios de nuestros artículos hemos venido mencionando los beneficios que el dibujo tiene para los niños en cuanto a expresar y canalizar sus emociones.
Sin duda, la expresión a través del dibujo es un recurso al alcance de nuestra mano para poder trabajar las emociones de los niños, sobre todo en aquellas etapas en las que el lenguaje emocional aun no está totalmente desarrollado.

La mayoría de veces, el trabajo que se nos plantea es a través del reconocimiento de caras con los pictogramas. Así, cada expresión facial se corresponde con un tipo de emoción: la contenta alegría, la de ceño fruncido con la enfadada, etc. Otra manera es a través de los cuentos, donde el niño se identifica a través de algún personaje y reconoce en él sus propias emociones.
En este tipo de ejercicios partimos de un trabajo emocional del exterior hacia el interior. Sin embargo, la expresión libre a través del dibujo nos permite conectar con la emoción que está sintiendo el niño para luego poderla acompañar. Vendrían a ser formas complementarias de trabajar las emociones.

El primer paso es la identificación

En el dibujo todo nos revela cuestiones sobre la personalidad del pequeño y su estado de ánimo, pero hay tres aspectos que nos proporcionan información de forma clara e inequívoca sobre el estado emocional del niño: la presión de los trazos, su forma y el color con el que se realizan.
  • La presión nos indica la descarga energética que realiza en el contacto con la realidad, la intensidad con la que vive las circunstancias que se le presentan.
  • La forma viene a ser la manera en cómo actúa ante las diferentes situaciones que se encuentra
  • El color expresa el sentimiento que acompaña a cada una de las acciones que hace.
Teniendo en cuenta esto podemos aproximarnos con acierto a las emociones que el niño está experimentando. Así por ejemplo, si el pequeño hace un gesto muy presionado, con formas angulosas en color rojo, claramente sabremos que está experimentando agresividad, y si utiliza colores vivos con movimientos pausadas y formas armónicas, se sentirá en armonía y equilibrio con su entorno.
A partir de estos datos será mucho más fácil acompañar a nuestro hijo en sus emociones, porque ya no solo contamos con la observación de la conducta o de lo que nos explica, sino que podremos obtener valiosa información de sus dibujos.

Trabajar las emociones a través del dibujo

Recientemente he podido leer un interesante artículo donde se comentaban las conclusiones de un estudio realizado sobre el dibujo y la regulación de las emociones en los niños. Las autoras, basándose en esta idea del dibujo como medio para mejorar los estados negativos, concluyen que es su poder distractor el que permite que esos estados mejoren.
Estas investigadoras encargaron tres tareas distintas a los diferentes grupos de niños de 6 a 12 años de edad: la representación del acontecimiento negativo, la elaboración de un dibujo con un tema que les distrajera y la copia de dibujos.
Comparación tres tareas
En los resultados se aprecia claramente que lo mejor es elaborar dibujos de un tema que distraiga su atención (columnas en rojo) y no esté relacionado con la cuestión que les preocupa.
Sin embargo puntualizan sobre el hecho de que sus conclusiones son válidas para trabajar las emociones a corto plazo y que en contextos donde se deban trabajar las emociones de una forma terapéutica los dibujos sobre el hecho en cuestión sí son un recurso para elaborar el conflicto que ha desencadenado las emociones negativas.
Así pues, por un lado tenemos la alternativa de trabajar las emociones a través de dibujos que distraigan la atención del niño, como pueden ser el dibujo libre sobre cualquier tema o los mandalas, y para cuestiones más profundas utilizando el dibujo enfocado en la cuestión conflictiva.
En cualquier caso, el dibujo es un medio único de expresión de las emociones y una oportunidad para que el niño deje salir sus sentimientos de forma libre y positiva, mejorando así su estado de ánimo.
Desde aquí os animo a que siempre que el niño lo requiera y sea posible, facilitéis las condiciones para que se puedan expresar a través del dibujo, ya que no solo será bueno para el pequeño sino que a los adultos nos servirá como herramienta para comprender y acompañar mejor a nuestro pequeño.
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jueves, 9 de marzo de 2017

Trabajamos las emociones: Las tres cabras (valentía).

Las tres cabras

Cuento popular Las tres cabras

Adaptación del cuento clásico de Noruega

Había una vez tres cabras macho de la misma familia: una pequeña e inexperta cabritilla, su padre de mediana edad y mediano tamaño, y el abuelo que era una cabra grande y muy lista que lo sabía todo.
Las tres cabras se querían mucho, se protegían, y siempre iban de aquí para allá en grupo, muy juntitas para no perderse por el monte y defenderse en caso de apuros.
Un día, a primera hora de la mañana, salieron a comer hierba al mismo lugar de siempre, pero cuando llegaron al prado descubrieron que el pasto fresco había desaparecido. Husmearon a fondo el terreno pero nada… ¡No había ni una sola brizna de hierba verde y crujiente que llevarse a la boca!
El abuelo miró al horizonte pensativo. Su familia necesitaba comer y como jefe del clan tenía que encontrar una solución al grave problema.
Un par de minutos después, dio con ella: no quedaba más remedio que atravesar el puente de piedra sobre el río para llegar a las colinas que estaban al otro lado de la orilla.
– ¡Tenemos que intentarlo! Jamás he estado allí, ni siquiera cuando era un chaval, pero recuerdo muy bien las historias que contaban mis antepasados sobre lo abundante y   riquísima que es la hierba  en ese lugar.
Si el abuelo pensaba que era lo mejor, no había más que decir. Sin rechistar, las dos cabras le siguieron hasta al puente. Desgraciadamente, ninguna se imaginaba  que estaba custodiado  por un horrible y malvado trol que no dejaba pasar a nadie.
La más pequeña y alocada estaba ansiosa y quiso ser la primera en cruzar. Cuando había recorrido casi la mitad, apareció ante ella el espantoso monstruo  ¡La pobre se dio un susto que a punto estuvo de caerse al río!
– ¡¿A dónde crees que vas?!
– Voy al otro lado del río en busca de hierba fresca para comer.
– ¡De eso nada, monada! ¡Este puente es mío! ¡Yo también estoy muerto de hambre, así que pienso devorarte ahora mismo de un bocado!
A la cabrita le temblaba hasta el hocico, pero fue capaz de improvisar algo ocurrente para que el trol no la atacara.
– ¡Señor, espere un momento! Soy demasiado pequeña para saciar su apetito y no le serviré de mucho. Detrás de mí viene una cabra que es bastante más grande que yo ¡Le aseguro que si me deja pasar y aguarda unos segundos, podrá comprobarlo!
El ogro tenía tanta hambre que pensó que no podía perder la oportunidad de darse un banquete mejor.
– ¡Está bien, cruza! ¡Ya veremos si me dices la verdad!
La cabrita siguió su camino y se puso a salvo.
Mientras tanto su padre, la cabra mediana, llegó al puente. Comenzó a cruzarlo tranquilamente pero a mitad de trayecto el trol apareció ante sus narices.
– ¡¿A dónde crees que vas?!
– Voy al otro lado del río en busca de hierba fresca para comer.
– ¡De eso nada, monada! ¡Este puente es mío! ¡Yo también estoy muerto de hambre, así que pienso devorarte ahora mismo de un bocado!
La cabra mediana, paralizada por el miedo, intentó hablar pausadamente para que  el monstruo no notara su nerviosismo.
– Sé que estás deseando zamparme, pero si me dejas cruzar verás que detrás de mí viene una cabra mucho más grande que yo ¡Créeme cuando te digo que merece la pena esperar!
El trol estaba empezando a perder la paciencia.
– ¡Está bien! ¿Por qué comerte a ti cuando puedo llenarme la tripa con una cabra el doble de grande que tú? Espero que sea cierto lo que dices ¡Pasa antes de que me arrepienta!
La cabra mediana aceleró el paso sin echar la vista atrás y alcanzó la otra orilla.
La cabra mayor cruzaba el puente con ese garbo y seguridad que dan los años cuando, a medio  camino, le asaltó el trol. Por la cara de pocos amigos que tenía parecía dispuesto a capturarla para saciar su apetito.
– ¡¿A dónde crees que vas?!
– Voy al otro lado del río en busca de hierba fresca para comer.
– ¡De eso nada, monada! ¡Este puente es mío! ¡Yo también estoy muerto de hambre, así que pienso devorarte ahora mismo de un bocado!
¡Esta vez el trol no sabía con quien se la estaba jugando! La cabra, valiente como ninguna, se estiró, infló el pecho y con voz profunda le dijo:
– ¿Me estás amenazando? ¡No me hagas reír! ¡Tú eres el que debe tener miedo de mí!
El trol sonrió con chulería y le replicó en tono burlón:
– Sé que no vas a comerme, cabra estúpida, porque vosotras las cabras sólo tragáis hierba a todas horas ¡Menudo asco! ¡Debéis tener los dientes verdes de tanto mascar clorofila!
La cabra se enfureció. Apretando las mandíbulas de la rabia que le entró,  miró fijamente a los ojos saltones del trol y le gritó:
– ¡No, no voy a comerte, pero sí voy a mandarte muy lejos de aquí para que dejes de molestar!
Antes de que pudiera reaccionar, saltó sobre él y le pisoteó con sus finas pero fuertes patas. Después, lo levantó con los cuernos y lo lanzo al aire. El trol salió disparado como un dardo, cayó al agua, y como no sabía nadar la corriente se lo llevó a tierras lejanas para siempre.
El abuelo cabra se quedó mirando al infinito hasta asegurarse de que desaparecía de su vista. Después, muy digno, se atusó las barbas y continuó con paso firme sobre el puente.
Al reencontrarse con su hijo y su nieto, los tres se abrazaron. Se habían salvado gracias al ingenio y a la complicidad que existía entre ellos. Muy felices, se fueron canturreando y dando saltitos hacia las verdes colinas para atiborrarse de la hierba deliciosa que las cubría.

Trabajamos la emociones: La rana que quiso ser buey (Amistad)

a rana que quiso ser buey

fábula de La rana que quiso ser buey
Adaptación de la fábula de Esopo

Había una vez una rana que no se gustaba nada de nada. Todos los días del año se acercaba al estanque más cercano  para ver su reflejo en las aguas y se deprimía contando todos sus defectos ¡Qué fea y vulgar se sentía!

Detestaba su gigantesca boca de buzón que, por si fuera poco, emitía sonidos carrasposos que nada tenían que ver con los dulces trinos de los pajaritos. También pensaba que el color verde lechuga de su cuerpo era feísimo, y estaba obsesionada con las manchas oscuras que cubrían su piel porque, según ella,  parecían verrugas. Pero sin duda lo que más le repateaba era su tamaño porque el hecho de ser tan pequeña le hacía sentirse inferior a la mayoría de los animales.

Cada mañana, después de contemplarse en el estanque, regresaba a su casa lamentándose de su mala suerte. La ruta de vuelta era siempre la misma: sorteaba unas cuantas piedras, recorría el camino de setas rojas con lunares blancos, y atravesaba la pradera donde vivía un viejo buey. En cuanto lo veía, la rana no podía evitar hacer un alto en el camino y quedarse pasmada  mirando su imponente figura.

– ¡Ay, qué suerte tiene ese buey! ¡Me encantaría ser grande, tan grande como él!

Harta de sentirse insignificante, una tarde de primavera reunió a su pandilla de amigas ranas y  mandó que se sentaran todas a su alrededor.

– Escuchadme, chicas: ¡Se acabó esto de ser pequeña! Voy a intentar agrandarme lo más que pueda y quiero que me digáis si lo consigo ¡No me quitéis ojo! ¿De acuerdo?

Las amigas se miraron sobrecogidas y empezaron a negar con la cabeza para que no lo hiciera, pero no sirvió de nada pues nuestra protagonista estaba completamente decidida.

Sin esperar ni un minuto más, se concentró, cerró los ojos, y aspiró por la boca todo el aire que pudo. Poniendo  boquita de piñón para no desinflarse, preguntó a las otras ranas.

– ¿Ya? ¿Ya soy tan grande como el buey?

Una de ellas contestó:

– ¡Para nada! Te has hinchado un poco pero ni de lejos eres tan enorme.

La rana seguía encabezonada y se estiró como una gimnasta rítmica para tratar de retener una cantidad de aire mayor. Su pequeño y resbaladizo cuerpo se hinchó por lo menos el doble y adquirió forma redondeada  ¡Parecía más pelota que batracio!

– ¿Y ahora? ¿Lo he conseguido, chicas?

¡Las ranas del corrillo se miraron atónitas! Pensaban con franqueza que su amiga estaba loca de remate, pero ante todo debían respetar su decisión y ser sinceras con ella. La más pequeña le dijo:

– ¡Qué va! Has crecido bastante pero el buey sigue siendo infinitamente más grande que tú.

La rana no estaba dispuesta a rendirse tan pronto.  Dejó la mente en blanco y respiró muy, muy profundamente. Entró tanto aire en su tripa que se oyó un ¡PUM! y la pobre reventó como un globo al que pinchan con un alfiler.

– ¡Ay, ay, qué dolor! ¡Socorro! ¡Ayudadme!

Las amigas corrieron a su lado ¡Se asustaron mucho cuando la vieron tendida boca arriba en el suelo y con un agujero en la barriga!

– Esto duele mucho ¡Haced algo o me desangraré!

Por suerte, una de las ranas era doctora y conocía bien los recursos que ofrecía la madre naturaleza. Buscó a su alrededor y encontró una tela de araña sin dueña para usarla como hilo de coser, y con ayuda de unos palitos, la operó de urgencia. Gracias a su habilidad como cirujana, consiguió salvarle la vida.

La rana herida se recuperó en unas semanas y desde entonces cambió completamente de  actitud. Jamás volvió a sentirse mal consigo misma y se dio cuenta de que ser una pequeña rana tenía sus ventajas: podía nadar en el estaque, dar brincos espectaculares, jugar al escondite tras las hojas de nenúfar, y otras muchas cosas que el buey jamás podría hacer ni en sus mejores sueños. En definitiva, descubrió que uno es mucho más feliz cuando se acepta tal y como es.

Moraleja: Es absurdo intentar cambiar para convertirnos en algo que jamás seremos. Cada persona nace con unas cualidades diferentes y lo bueno es saber cómo aprovecharlas. Siéntete orgulloso de cómo eres y disfruta de las capacidades que tienes ¡Seguro que son muchas más que tus defectos!

Trabajamos las emociones: Fiorina y Pionina, la hadas tímidas.(Vergüenza)